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sábado, 20 de abril de 2013

TAN REALES


De nuevo el Museo Thyssen nos ofrece una exposición interesante. Esta vez, una pequeña selección de pintura "hiperrealista" que muestra obras desde los años 60 hasta nuestros días. Entre ellas, la única que me resultaba familiar son las "Telephone Booths" (967) de Richard Estes y esos reflejos que hipnotizan.
Así que aprovechando que me atraía la temática y que por fin la primavera nos ha dado una tregua, salimos a disfrutar de una agradable mañana entre pinturas y (por fin!!) rayos de sol.
 
Esta corriente nacida a finales de los 60 en Estados Unidos refleja una técnica que se basa en el empleo de fotografías trasladadas al lienzo, con tal detalle que el resultado final casi parece una fotografía. La temática suele ser de estilo pop, reflejando automóviles, diners (como el "Nedick's" de Richard Estes, foto inferior), escaparates y todo tipo de iconos kitsch que representan la sociedad de consumo.
En ocasiones se les ha acusado de ser "meros copistas de la realidad" pero afortunadamente el tiempo les ha dado su lugar.

 
Vertebrada en 4 secciones: "On the road" muestra una serie de automóviles, Harleys, caravanas y brillantes guardabarros y parachoques, como el "Mobile Reentry Vehicle" (1990) de Gus Heinze:
 
 
Incluso algunos artistas emplean pintura de coches en sus lienzos, como en este impresionante "Plum Delicious" (2006) de Peter Maier:
 
 
La sección "Bodegones modernos" nos muestra naturalezas muertas repletas de botes de kétchup y tarros de cristal, como "Los favoritos de América" de Ralph Goings:
 
 
o los impresionantes celofanes del "Reunión" (2012) de Roberto Bernardi:
 
 
La sección de Paisajes Urbanos nos hace sentirnos espectadores tras una ventana abierta a ciudades como N. York, Las Vegas, Londres o a Florencia y su "Arno at Dusk" (1994) de Anthony Brunelli:
 
 
y no podemos evitar recordar a los primeros hiperrealistas, en una época en que no existían las cámaras fotográficas, y pienso que Raphaella Spence y su "Canal Grande" me recuerda tanto tanto a Canaletto...
 
 
 Aunque sin duda, de entre los cerca de 60 lienzos, los que nos llamaron la atención por encima de todos ellos, por su increíble técnica, fueron "House with Snow" (1998) de Rod Penner:
 
 
y el "Lizzie Smoking" de Yigal Ozeri:
 
porque realmente cuesta trabajo diferenciar si se trata de pintura o son fotografías.
 
Me sorprende no haber encontrado ninguna obra de Antonio López   (aunque según algunos no se le debe englobar en esta corriente hiperrealista; dejo esas sutilezas a los entendidos) o de la genial Sor Isabel Guerra.
En cualquier caso, si os gusta la pintura hiperrealista (y a pesar del elevado precio de la exposición, como todas las del Thyssen), os recomiendo la visita. Será clausurada el 9 de junio.
 
 
Imágenes:  abc.es, artnet.com, loffit.abc.es, sweet-station.com, bernarduccimeisel.com


miércoles, 3 de abril de 2013

LITERATURA EN LIENZO

Se acerca el día Día internacional del Libro. De nuevo y como ya hice el año pasado, la mayoría de los posts del mes irán relacionados, de un modo u otro, con ese tema.

Ya sabéis que soy una pesada con mis "series" fotográficas. El año pasado hice una con famosos actores en plena actividad lectora , y pensaba repetir (es que me encantan esas viejas fotos en blanco y negro) pero voy a dar un giro al tema de poses lectoras, que la pintura ofrece posibilidades infinitas de lo mismo.
Aquí va una pequeña serie de ellas; por supuesto, rompiendo filas, mi querida Lucrezia Panciatichi de Agnolo Bronzino (en los Uffizzi):



 
Claude Monet
 
Harold Knight ("Morning Sun")
 
Francisco de Zurbarán ("San Pedro Tomás")
 
Mary Gow
 
Edouard Manet ("El lector")
 
James J. Shannon ("Mother and Child, lady Shannon and Kitty")
 
Adolphe Alexander Lesrel
 
Eduard Charlemont
 
Jan van Eyck ("The Virgin and Child reading")
 
Delphine Enjolras
 
John Watkins Chapman ("In the library")
 
Henry Robert Morland
 
Beatrice Offor
 
 
 
Feliz lectura a todos !!!
 
 
 

viernes, 11 de enero de 2013

MISCELÁNEA


Recién estrenado el año y pasada la resaca de las fiestas navideñas, nos lanzamos a hacer balance de todo lo que dejamos pasar el año anterior y nos llenamos de nuevos propósitos. La lista es larga, aunque no nos engañemos, a medida que avance el año algunos renglones pasarán a mejor vida. Da igual, la ilusión del momento no nos la quita nadie!! Aquí van algunas propuestas: aprender fotografía, escultura, salir a buscar ideas (aunque llueva o nieve), o recostarnos a pensar con calma en nuevas ideas, aislados del mundanal ruido...
 
* con lo que me gusta la fotografía, me encanta esta técnica del Tilt Shift , consistente en un juego de lentes (alterando rotación y paralelismo) que dan a la imagen un aspecto de "miniatura" estática, como si nos asomáramos a una maqueta;

* hay que tener paciencia infinita para conseguir  esculpir un lapicero, me quito el sombrero (y encima le sobra espacio para la firma!!)

* hoy decides ponerte los zapatos de ante que tanto te gustan, la mañana está despejada ... pero al salir del trabajo comienza a llover. Por fin se acabó el arruinar el calzado por una mala decisión!! Ya están aquí las Shuella (Shoe+umbrella, ja, ja) sí, son feas, pero al menos no te llevas el berrinche. Además, lo mismo se adaptan a tus bailarinas que a los stilettos (vídeo explicativo en la parte inferior del enlace). Quiero otra para el bolso  :))

* y para aquellos que siempre buscan como locos un hueco para echar una cabezadita, aunque sea sobre la mesa de la oficina, aquí tienen la solución a sus dolores de frente;

lunes, 3 de diciembre de 2012

PERDIDO Y HALLADO


Basta con echar un vistazo desde arriba, como si nos asomáramos a través de la claraboya mirando cada rincón de la casa de muñecas. Así, uno observa cada espacio del edificio y las vidas que lo ocupan, testigo de los sentimientos de cada inquilino.
¿Cuántos significados puede tener la palabra "familia"?
Y van desfilando distintos tipos de relaciones: unas frías, otras dulces, vacías algunas, basadas en el interés otras (por miedo a perderlo todo), ilícitas, intensas o dañinas, y viciadas.
A veces las circunstancias empujan a una vida miserable de la que resulta imposible escapar, pero el modo de encararla lo elige uno. Y así, sus vidas se convierten en lo que ellos han dejado que se convierta. Dejándose arrastrar por los remordimientos y el desánimo, prisioneros de una existencia que aborrecen.
 
La lucha interna de la mujer que trata de definir sus sentimientos, el despertar de un niño a esa madurez incipiente que va soltando la venda de los ojos, el zapatero filósofo y pobre, las miserias de las familias supuestamente perfectas frente a la felicidad callada de los pobres, aquellos que aparentemente carecen de todo pero que en realidad tienen más que nadie.

Saramago maneja con sutileza el lenguaje y juega con él, como cuando describe la salita de uno de los personajes:
"Sobre el aparador, unas copas de vidrio lucían su brillo (...) Todo estaba deslucido, como si una capa de polvo, imposible de limpiar, ocultara brillos y colores. La lámpara distribuía la luz de tal modo que su función parecía, más bien, la de distribuidora de sombras. Tenía 3 brazos con los correspondientes globos; por economía, sólo 1 bombilla estaba encendida". (¿Es la descripción de una estancia o hablamos de una vida a media luz?).
Y retrata con maestría el perfil de cada personaje y de cada momento, de forma minuciosa y detallada, trasladando al lector con facilidad a la escena, que siente como si estuviera presente en ella.

Saramago entregó el texto a una editorial a los 31 años, pero no obtuvo respuesta hasta 40 años después. Tras permanecer años olvidada en el fondo de un cajón, le comunicaron que "sería un honor publicarla". Herido, declinó entonces la oferta y decidió que nunca se publicaría mientras él viviese.
La familia del escritor solía referirse a la novela como el Libro Perdido y Hallado en el Tiempo.
Hay quien piensa que rozaba algunas verdades incómodas para la época y que ese fue el motivo del rechazo.
Sea como sea, ahora acaba de llegar hasta nosotros.

viernes, 17 de agosto de 2012

ARTÍSTICA FLORENCIA

Este tema daría mucho de sí, porque en Florencia se respira el arte no sólo en los museos, sino también en las calles (lo cual es una buena noticia para los presupuestos más ajustados).
Aparte de la archiconocida Accademia y su estrella indiscutible: el David de Miguel Ángel (armándose de paciencia para soportar las interminables colas) y de las Capillas Mediceas junto a la basílica de S. Lorenzo, es indispensable (para los amantes del arte en exclusiva) una visita a la Galleria degli Uffizi. La falta de tiempo obligaba a elegir y optamos por ésta.
Como las colas son también largas, aconsejo comprar las entradas por internet. Nosotros lo hicimos así y es tremendamente cómodo (cómo ha cambiado la Red la forma de viajar!!). Recomiendo b-ticket por ser la que yo utilicé; la página web es segura y es uno de los sitios oficiales (tendréis que registraros previamente), es sencilla (en italiano y en inglés) y nos informa incluso de las plazas que quedan en cada franja horaria. No recomendable para nerviosos que reserven con una escasa semana de antelación, ya que en nuestro caso el e-mail de confirmación llegó rápido, pero el segundo (con la referencia) para imprimir y entregar en taquilla, llegó a mi bandeja de entrada tan sólo 20 horas antes (con lo que me gusta a mí llevar esas cosas "atadas"..). Bueno, el caso es que pudimos entrar sin colas e incluso 15 min antes de la hora reservada. Un lujo.
No dejéis de asomaros a la terraza del bar al final de la visita para obtener otra perspectiva del Palazzo Vecchio y de la plaza della Signoria, incluso del Duomo:
Me apetecía verlo todo de nuevo, pero especialmente iba buscando 2 cuadros que me encantaron la vez anterior: uno no conseguí localizarlo, el otro me lo habían cambiado de lugar (con lo bonito que era entrar en la sala pequeñita y encontrarme de frente los ojos de Lucrezia y esos pliegues del vestido...):

Muchas salas cerradas por reforma y todo cambiado de sitio; aunque me alegro de las nuevas salas de pintura extranjera que han habilitado, donde encontramos algunos lienzos desconocidos pero preciosos. No sólo resulta interesante por la magnífica muestra de pintura sino porque ofrece estupendas vistas del Ponte Vecchio, así que no resulta extraño encontrar turistas agolpados junto a las ventanas del primer piso haciendo fotos como locos.
Los Uffizi se construyeron para albergar las oficinas de los magistrados y otros profesionales al servicio de la ciudad cuando el Palazzo Vecchio se quedó pequeño, y no sólo ofrece arte "bajo movimiento de tarjeta de crédito" (y bien que lo cobran, santa Madonna!!) sino que proporciona un interesante paseo escultórico en su loggia, en plena calle:

cada columna está engalanada con esculturas de los grandes hombres de las ciencias, de la literatura, de la política y del arte:
Boccaccio
Dante



Galileo, Maquiavelo, Petrarca, Leonardo, Donatello, Giotto, Miguel Ángel, Cósimo el Viejo, Vespucci, Cellini... hasta completar las 28 hornacinas. Y especialmente recomendable por la noche, cuando vacía de turistas y pintores, constituye un remanso de paz: sentarme en sus escaleras y abandonarme en las notas de alguna pieza clásica que salía de las manos del músico callejero de turno era uno de mis momentos favoritos; todo se inundaba de calma y sentía la ciudad más mía que a plena luz del día, cuando había que compatirla con centenares de turistas.

Muy cerquita, a la vuelta de la esquina, la Piazza della Signoria, otro museo al aire libre y corazón de la vida política y social florentina. Allí se impartía justicia y se acometían ejecuciones ejemplarizantes para la población (Savonarola fue colgado y quemado por hereje, como recuerda una placa), allí se quemaron libros (muchas de esas "hogueras de vanidad" fueron organizadas por Savonarola, invitando a los florentinos a quemar sus objetos de lujo, sus libros y sus cosméticos) y allí se celebraron juegos, bodas, festejos, ...
La campana del Palazzo Vecchio convocaba a la ciudadanía para asistir a las asambleas, les avisaba en caso de incendio y ataques enemigos.
La vida latía en la plaza.

Destaca la bellísima Loggia dei Lanzi (denominada así por ser el lugar donde acamparon los lanzichenecchi -una soldadesca mercenaria- en su camino a Roma y que originalmente tenía como función acojer las asambleas públicas)  y su granada colección de esculturas, muchas de las cuales hemos visto en nuestros libros escolares como el Rapto de las Sabinas, o mi favorito: Perseo con la cabeza de Medusa, que me sirvió de refugio tantas tardes de lluvia, testigo de miles de conversaciones intrascendentes en compañía de mi queridísima Alba, mientras observábamos el ambiente que bullía en la plaza.


El resto de la plaza contiene interesantes muestras escultóricas, siendo la estrella indiscutible el David de Miguel Ángel, por méritos propios. Lástima que esté condenado a no bajar de su pedestal... aunque se trara de una réplica cuyo original ya he comentado que se encuentra en la Accademia. Culpa de las vicisitudes del tiempo: fue alcanzado por un rayo allá por el 1512 y una revuelta popular contra los Médici le dejó sin brazo, así que se impuso un cambio de domicilio a un lugar más seguro, aunque eso tampoco le libró del ataque de un loco que en los 90 le machacó un dedo del pie con un martillo.

A su vera, la fuente de Neptuno, aunque las malas lenguas dicen que el pueblo lamentaba tremendo desperdicio del mármol (algunos atribuyen la frase a Miguel Ángel, que al pasar por delante suspiraba con pesar). Por cierto, detrás de él, otra placa de los Otto di Balia recuerda la prohibición de mojar pan en la fuente y ensuciarla.

En fin, que la ciudad entera proporciona suficientes muestras de arte gratuito: Dante frente a la Santa Croce, esculturas en los puentes que atraviesan el Arno, en las hornacinas de la iglesia de Orsanmichele (como ya comenté en otro post)... o símplemente, a la vuelta de la esquina :)

lunes, 13 de agosto de 2012

PALAZZO DAVANZATI

Como ya anticipé, este museo me gustó tanto que me apetecía dedicarle un post en exclusiva.
Es la sede del Museo dell'Antica Casa Fiorentina y muestra el modo de vida de una familia de la burguesía en la Italia renacentista.
Propiedad de una próspera familia de mercaderes, los Davizzi, toma su nombre de la tercera familia que lo habitó: los Davanzati, que ocupó el inmueble durante más de 2 siglos. Cuenta con valiosos ejemplares de pintura, mobiliario, cerámicas, bordados, objetos de uso doméstico...  que no son originales de la casa sino que fueron traídos desde distintas galerias y museos de la ciudad, para completar el atrezzo.

Su planta cuadrada se organiza en torno a un patio abierto al cielo (que permitía recoger las aguas de lluvia, además de ventilar y proporcionar luz), 


una transición entre las casas-torre medievales y los palacetes renacentistas más amplios y edificados en torno a un patio central,

en torno al cual se emplazan las distinas estancias: los salones y dormitorios en los 2 primeros pisos, la cocina en el tercero (para disipar mejor los olores y los humos y minimizar los daños en caso de incendio) y en el último las estancias del servicio (que no se visitan) y su característica terraza porticada (loggia) añadida posteriormente.
La pena es que no está muy organizado, ya que la guía nos acompaña piso por piso (dándonos tiempo para curiosear por cada uno pero sin permitir subir al siguiente sin que el grupo termine y nos acompañe al superior) y a falta de explicaciones (aunque responde con agrado a las dudas) hay que conformarse con los folletos explicativos de cada estancia (en italiano, inglés, francés y alemán), muy interesantes pero sumamente escuetos.
Las barras de madera que cuelgan de la fachada se utilizaban para colgar banderolas en las festividades y para colgar la ropa de cama a secar.

Un vano en el muro recorre los distintos pisos en vertical, permitiendo, a través del sistema de poleas, transportar el agua a cada una de las plantas desde el pozo de la planta baja, un auténtico lujo para la época (y un evidente alivio para el servicio, qué duda cabe). La foto no es muy buena pero es lo único que conseguí en la Red (estaba prohibido hacer fotografías):


Dicen que fue la primera vivienda que instaló cristaleras en las ventanas, que hasta entonces se cubrían colgando una impannata: lienzos empapados en aceite o trementina para darles mayor transparencia.
Curiosa la espectacular caja fuerte, cuya tapa constituye en sí misma una complicada cerradura:


Llaman la atención los frescos que decoran las paredes y que salieron a la luz al eliminar los tapices y lienzos que las cubrían cuando acometieron la restauración del edificio.


Era típico este tipo de ornamentos en las casas florentinas de la época:




al igual que los artesonados decorados:


En la sala del primer piso, que da a la fachada principal, todavía se conservan las 4 trampillas por las que se lanzaban piedras, bolas metálicas o aceite para frenar a los intrusos.
Afortunadamente la higiene personal comenzaba a cobrar fuerza en aquellos años, al menos entre las clases más pudientes, como atestiguan los numerosos cuartos de baño que posee la vivienda: nada menos que 2 por planta. Consistían en pequeñísimas estancias dentro del dormitorio, separadas por un arco, y contaban con retrete (una bancada con un agujero que cubrían con una tapa de madera) y una amplia bandeja en el suelo donde se recogían las aguas de los lavados (a modo de rudimentaria ducha).

En la sala de costura se muestran las ruecas, agujas y otros aparejos para telar, así como una bonita colección de encajes:

Los dormitorios, amplísimos, estaban ricamente decorados en paredes y techos:


Y sorprendente resulta la cocina, repleta de instrumentos de todo tipo, entre los que destaca la  máquina para hacer pasta (en la pared, a la derecha de la chimenea) y el curiosísimo sistema de poleas con pesas (pegado a la chimenea) que permitia la rotación constante del asado sin necesidad de tener a un sirviente dándole a la manivela:


De modo que si algún día os pasáis por Florencia, no dudéis en hacerle un hueco en vuestro horario a este interesante museo.


Fotografías: NicolóP. (flickr), catcetera (flickr), trivago.

viernes, 10 de agosto de 2012

FLORENCIA BURGUESA

Viendo los palazzi florentinos uno se da cuenta del pasado glorioso que tuvo la urbe y se sospecha el peso político que pudo ostentar en el medievo. Edificios recios, discretos pero contundentes y multitud de edificios nobiliarios de proporciones nada discretas.

Siempre hubo clases, y si comenzamos la casa por el tejado, ahí tenemos a los Médici en la punta del vértice. Su primer palacio (antes de subir como la espuma en la escala política) fue el de Medici-Riccardi construido para Cosme el Viejo en 1445, austero en sus formas (de acuerdo con el gusto renacentista), robusto y con el típico almohadillado en la fachada: símbolo de riqueza por la dificultad de su elaboración y su coste.
 En 1659 vendieron el inmueble a los Riccardi (que lo ampliaron y reformaron). Hoy es sede del gobierno provincial y del museo homónimo.

Las antiguas villas que los romanos construían como segunda residencia en el campo volvieron a ponerse de moda con los Médici, que se construyeron suntuosas residencias en las afueras de la ciudad, ampliando así considerablemente su patrimonio inmobiliario.

A mitad del Quattrocento, el banquero Pitti (amigo de Cosme el Viejo) encarga la edificación de un nuevo palazzo en el Oltrarno (literalmente, más allá del del Arno) que compita en grandiosidad con el Medici-Riccardi, adquiriendo también varias casas vecinas con el propósito de construir una enorma plaza que diese acceso al edificio.
Pero no consigue superarlo en tamaño y quedó inacabado por problemas financieros.
Y allí se instaló el granduque de la Toscana Cosme I en 1550 por expreso deseo de su esposa, Eleonora de Toledo, que deseaba una morada más regia y acorde con su condición.

Se amplió y se construyó el famoso corredor que les conectaba con el Palazzo Vecchio, atravesando los Uffizi y pasando por encima del Ponte Vechhio: el Corridoio Vasariano (construido por el arquitecto Giorgio Vasari).
De esta forma se podía desplazar con mayor seguridad y sin necesidad de escolta entre su trabajo en el palacio del gobierno y su casa, al tiempo que proporcionaba una vía de fuga en caso de revueltas. Y me encanta el modo tan "sutil" con que prohibió que el mercado de carnes que albergaba en aquella época el Ponte Vecchio finalizara su actividad: los malos olores molestaban al Duque al pasar, y en su lugar ordenó trasladar a los orfebres, que continúan vendiendo sus mercancías a día de hoy. Y al tiempo, para amenizar sus trayectos, decoró las paredes con decenas de cuadros de su colección: el recorrido, de 1 km, se puede visitar previa reserva, constituyendo en sí mismo una auténtica galería de arte.
Hubo un escollo que salvar al acercarse a la torre Manelli (construida para defender el puente) ya que la familia propietaria se negó a derribarla, de modo que hubo que bordearla:

Tras pasar el puente pasa junto a la iglesia de Santa Felicitá, con acceso directo a una balconada que se asoma hacia el interior del templo y desde la que la familia asistía a las celebraciones eucarísticas.
Cuanto menor contacto con la plebe, mejor.
Aquí se aprecia bastante bien el recorrido del Corridoio.
Hoy en día el Palazzo Pitti alberga la impresionante colección particular de la familia Médici en sus diversas galerías de arte y museo: la del Traje, de la Plata, los apartamentos ducales, ... y sus magníficos jardines (anfiteatro incluído donde agasajaban a la corte florentina con representaciones estivales).
Napoleón la convertiría en su residencia durante la ocupación de Italia.

Otro palacio a destacar es el Palazzo Strozzi:

La familia Strozzi fue exiliada por su oposición a los Médici pero, gracias a la fortuna amasada en la banca por Filippo Strozzi en Nápoles, regresaron 3 décadas después dispuestos a enfrentarse a sus rivales.
Durante años compraron y derribaron casas (15 en total) con la idea de construir el mayor palacio visto en la ciudad, superando en tamaño al de sus "enemigos": el anteriormente mencionado Médici-Riccardi (palacio que, visto lo visto, levantaba grandes suspicacias). Las dificultades económicas perpetuaron los trabajos a lo largo de 50 años, hasta que finalmente remataron el proyecto. Ni Filippo llegó a verlo ni la familia disfrutó de él, ya que Cosme I lo confiscó, para devolverlo 30 años después.


De su exterior destacan la bancada de piedra que recorre todo su perímetro y las portaantorchas y portabanderas en forma de dragón, junto a las enormes anillas para enganchar a los caballos(muchísimas más por toda la ciudad):

Como nota curiosa, otra placa de los Otto di Balia (de los que ya hablé en este post) recuerda la prohibición de vender frutas en la Plazza Strozzi, ya que los desperdicios generados molestaban a la familia.

Otro palacio imponente es el Spini-Feroni, actual sede de Salvatore Ferragamo (desde 1938), que en sus orígenes fue el más grande de Florencia. Inicialmente habitado por los Spini, vendieron la mitad al marqués de Feroni (de humilde cuna, que amasó fortuna gracias a -cómo no- la banca, pasando a formar parte de la política civil) para finalemente terminar por completo en manos de Feroni.

Y para terminar, un agradable descubrimiento: el palazzo Davanzati. Un museo que ya me quedé con muchas ganas de visitar entonces (increíble no haberme pasado por allí a lo largo de aquellos 6 meses) y que no pensaba dejar escapar en este viaje relámpago.
Alberga el Museo de la Casa Antigua Florentina y aunque no es muy conocido entre los turistas (especialmente para ese turismo de masas de consumo rápido) es altamente recomendable; muestra cómo vivía una familia burguesa de la época. Y no es caro.
Pero como me gustó tanto, creo que le voy a dedicar un post a él solito :))