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domingo, 15 de abril de 2012

DA VINCI EL GASTRÓNOMO (ficción literaria)

Sí, ya sabemos que Leonardo Da Vinci (hoy se celebra su cumpleaños) era polifacético y artista multidisciplinar. Que si escultura, que si pintura, que si arquitectura y anatomía, múltiples inventos y artilugios varios. Y al parecer, también le interesaban los fogones, donde por cierto, no pareció cosechar éxitos...
Comenzó como aprendiz en el taller de Verrocchio a los 17 años (donde coincidió con otro aprendiz llamado Boticelli). Tres años después decide sufragar sus gastos ejerciendo de camarero por las noches en la florentina taberna de Los Tres Caracoles (cercana al Ponte Vecchio). Al poco, abandona el taller de Verrocchio ocupándose de la cocina de la taberna, donde trata de innovar en los menús sirviendo pequeñas porciones de carne sobre polenta, algo que enfureció a los clientes, acostumbrados a comer hasta reventar (pensaban que se estaba mofando de ellos y salvó la vida de milagro). De modo que regresó al taller.
La destrucción por un incendio de la antigua taberna le hace aventurarse en un nuevo negocio y decide abrir allí mismo un local a medias con Sandro Boticelli: "All'insegna delle tre ranocchie di Sandro e Leonardo" ("La enseña de las 3 ranas de Sandro y Leonardo"). Pero la escasez y excentricidad de los platos les conduce de nuevo al fracaso.

A él debemos el invento de una máquina para pelar y machacar ajos:

Dejó Florencia con una recomendación de Lorenzo de Medici para el Gran Duque de Milán (Ludovico Sforza) quien le nombró "consejero de fortificaciones y maestro de festejos y banquetes de la corte", encargándole el menú para la boda de su sobrina; ésta fue la propuesta:

"una anchoa enrrollada sobre una rebenada de nabo tallada a semejanza de una rana y otra anchoa enroscada alrededor de un brote de col , una zanahoria tallada, el corazón de una alcachofa, dos mitades de pepinillo sobre una hoja de lechuga, la pechuga de una curruca, el huevo de un avefría, los testículos de un cordero con crema fría , la pata de una rana sobre una hoja de diente de león y la pezuña de una oveja hervida y deshuesada"

que no debió causar buena impresión, ya que hubo de presentarle otra, más del gusto de la época:

"600 salchichas de sesos de cerdo de Bolonia, 300 patas de cerdo de Módena rellenas,200 terneras, capones y gansos, 60 pavos reales, cisnes y garzas reales, mazapán de Siena, 2000 ostras de Venecia, macarrones de Génova, esturión en bastante cantidad, trufas y puré de nabos"
Y como estaba en todo, desarrolló un protocolo para mejorar el rendimiento y servicio de la cocina palaciega:

" En primer lugar es necesaria una fuente de fuego constante. Además una provisión constante de agua hirviendo. Después un suelo que esté siempre limpio. También aparatos para limpiar, moler, rebanar, pelar y cortar. Un ingenio para apartar de la cocina los tufos y hedores y ennoblecerla así con un ambiente dulce y fragante. Y también música, pues los hombres trabajan mejor y más alegremente allí donde hay música. Y por último, un ingenio para eliminar las ranas de los barriles de agua de beber".










Todo un primer intento de "cocina automatizada".

Así que añadimos a la lista, el primer "limpia suelos" mecánico (2 bueyes que arrastran un gran cepillo con un chorro de agua) y la primera toma de agua de la historia para apagar incendios.

Ideó también un ingenio para asar carne, introduciendo en la chimenea una hélice que giraba impulsada por la corriente de aire ascendente, que a su vez hacía girar el espetón (a mayor o menor velocidad, dependiendo de la cantidad de leña y, por tanto, de la intensidad del fuego):

Al mismo tiempo crea una máquina rebanadora de pan (accionada por aire) y una descomunal picadora de vacas (que necesitaba de un numeroso grupo de hombres y caballos para mantenerla en funcionamiento, algo nada práctico); para eliminar los olores, unos fuelles que se accionan por unos martillos conectados a una manivela movida por un caballo; y para evitar las ranas, unos muelles que se activan al saltar la rana sobre ellos, accionando un martillo que deja inconsciente al animal. Y un sistema de aspersión de agua para atajar incendios.

Lo que hace pensar en el enorme espacio necesario para albergar tanta máquina; sin duda una cocina IMPRESIONANTE. De hecho hubo que acomenter obras, ampliando el espacio a costa de la demolición de parte del comedor, de los establos y los dormitorios de la madre de Ludovico.

Pero al parecer el banquete fue un desastre: la cocina era un caos, los bueyes se asustaban y hacían sus necesidades donde pillaban. Se oyeron gritos, estruendo de máquinas y explosiones; la comida no llegaba y los invitados, impacientes, se acercaron a la cocina alertados por los ruidos.

Ésta es la crónica que nos ha llegado, de mano del embajador florentino Sabba da Castiglione di Pietro Alemani:

"La cocina del maestro Leonardo es un gran caos. El señor Ludovico me ha dicho que el esfuerzo de los últimos meses se había hecho con la intención de economizar esfuerzos humanos; pero ahora, en lugar de los veinte cocineros antes empleados en las cocinas, las personas que se apiñan en este lugar llegan casi al centenar y ninguno de los que yo pude ver estaba cocinando, sino que todos estaban atareados con los grandes dispositivos que ocupaban todo el suelo y los muros, ninguno de los cuales parecía comportarse de manera útil o para la tarea que fue creado.
En un extremo del recinto una gran noria, empujada por una furiosa cascada, vomitaba y rociaba con sus aguas a todos los que pasaban por debajo, y había transformado el suelo en un lago. Fuelles gigantescos, cada uno de ellos de tres metros y medio de largo, colgaban de los techos, siseando y rugiendo con el propósito de limpiar los humos de los fuegos, pero todo lo que lograban era avivar las llamas, en perjuicio de aquellos que debían estar cerca del fuego; tan peligrosas eran las errantes llamas que una multitud de hombres armados de cubos se afanaban en tratar de dominarlas, aun cuando otras aguas brotaban en chorros de cada rincón de los techos.
Y en este catastrófico lugar se paseaban por todas partes caballos y bueyes, algunos dando vueltas y más vueltas, y otros arrastrando los ingenios para limpiar los suelos del maestro Leonardo; realizando sus tareas con denuedo, pero también seguidos de otro ejército de hombres para limpiar las suciedades de los caballos.
En otro lugar vi una gran picadora de vacas estropeada, con media vaca todavía hincada y asomando por fuera de ella, y hombres con palancas intentando sacarla de allí. Y aún en otro lugar el ingenio continuo de troncos y leña del maestro Leonardo arrojando suministro dentro de la habitación y que no podía ser detenido; de manera que en lugar de los dos hombres que llevaban los troncos al fuego como antes se acostumbraba, ahora había que emplear a diez para sacarlos.
Los gritos que habíamos oído vimos que los proferían pobres desdichados que estaban abrasándose o ahogándose o asfixiándose; las explosiones, de la pólvora que el maestro Leonardo se empeñó en utilizar para prender sus fuegos sin llama; y, como si este estruendo no resultara suficiente, aún se combinaba con la música de sus tambores que redoblaban, aunque los que tocaban los órganos de boca creo que ya se habían ahogado.
Como antes he descrito, la cocina del maestro Leonardo era un gran caos, y no creo que esto complaciera a señor Ludovico".
De modo que tras la boda, Ludovico le sugirió un "retiro espiritual" en el Convento de Santa María de las Gracias de Milán, para desgracia de los frailes, que fueron utilizados como conejillos de indias para degustar los inventos de Leonardo en los fogones. Hasta que llegaron al límite de su paciencia y le suplicaron al prior que intercediera por ellos ante Ludovico, pues llevaban 2 años muertos de hambre por los "horrendos platos" del nuevo inquilino.


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Espero que os haya gustado la ficción, ya que al parecer, el códice de donde supuestamente se obtuvieron estas anotaciones supuestamente atribuidas al genio renacentista, no existe. Hay un libro que cuenta todas estas (falsas) hazañas culinarias de Leonardo, y si me he animado a incluirlas aquí finalmente es porque hasta bien avanzado el post (y tras contrastar información en varias páginas), no me enteré de que toooodo lo que llevaba escrito era más falso que el abono de transportes de Willy Fog, pero me reí tanto imaginando las aventuras en la cocina de Ludovico, que pensé que alguien podría disfrutar de ellas tanto como yo.

Porque según dicen, Leonardo era vegetariano, jamás abrió un restaurante con Boticelli ni inventó mil y una formas de plegar las servilletas. Ni tampoco se ocupó de la cocina de Ludovico (un consuelo, sin duda). Y nunca escribió esas "Notas de Cocina".

Así que leed mucho y bien, pero sobretodo, contrastad (si la lectura procede de la Red). Aunque las mentiras también resultan divertidas.

Feliz lectura y Feliz Día del Libro el próximo 23 de Abril.

lunes, 19 de marzo de 2012

MAMA FRAMBOISE

Y sigo encantada con la cantidad de tiendas originales, bien decoradas y cafés que se están abriendo en Madrid.
El mes de enero y los malos rollos laborables bajaron mi autoestima hasta límites escandalosos, y como todos sabemos los beneficiosos efectos que los dulces tienen en nuestro cerebro, decidí invitar a una colega del trabajo y amiga a merendar para desconectar de las malas vibraciones.
Hace escasos meses Mama Framboise abrió sus puertas muy cerca de la Plaza de Alonso Martinez y ya tenía ganas de pasarme por allí.




El local está hasta la bandera (como he podido comprobar en mis 3 visitas) y casi siempre toca esperar a que quede hueco libre; lo bueno es que las mesas se comparten y no se desaprovecha ni una silla, así que la espera no se prolonga demasiado.

La decoración es muy estilo campiña "afrancesada", con muebles decapados en blanco, mesas y sillas de distinto tipo. Los suelos, de madera sin tratar, que dan un toque como más casero. No solo sirven y venden dulces, sino que también ofrecen comidas y cenas ligeras (quiches, ensaladas, bocadillos y tablas de quesos y embutidos), que complementan con un servicio de catering.

Su propietario es un joven chef asturiano que ya reúne unos cuantos premios (entre ellos la medalla de Oro del Open du France du Desserts 2010).



Y no es de extrañar, porque el repertorio de dulces entra solito por los ojos, y aparte de estar buenísimos, la presentación es de lo más ciudada. Un plus es la amabilidad del servicio, que en otros locales de este tipo destacan por lo contario. La única pega que le veo es que al ser tan reciente, la afluencia es enorme y aparte de la espera, el ambiente suele ser algo ruidoso.
La carta es bastante extensa, lo que dificulta la elección porque llega un momento en que no sabes por cuál decidirte...


Yo pequé, como está mandado, y la tartaleta de manzana subió mis niveles de azúcar en una proporción comparable a la de mi estado de ánimo (que para eso íbamos): merienda terapeútica en toda regla.
Y la tostada de brioche por la que me decanté al mes siguiente es de las más esponjosas que he probado nunca, acompañada de una mermelada de frambuesa buenísima.

De modo que ya sé por dónde pasarme a comprar los dulces de mi cumple...

miércoles, 7 de marzo de 2012

ÑAM, ÑAM

Se me acumulan los posts gastronómicos (uf, cualquiera que me escuche se pensará que me paso el día zampando). Me encanta descubrir sitios nuevos y disfrutar de una buena comida o una merienda en un entorno agradable. Y afortunadamente en Madrid, aparecen locales nuevos como setas.

Naranjo en Flor no es precisamente de los nuevos; llevan pocos años pero recientemente han reformado el local, al parecer coincidiendo con el cambio de propietario. Siguiendo en la misma línea, eso sí. Un pequeñísimo café argentino con apenas 3 mesas donde tomarse un estupendo Nespresso acompañado de un alfajor (o una porción de tarta, o un muffin... todo elaborado en el día).


Y de paso, llevarse a casa una empanadas argentinas para cenar. Y más alfajores, de postre :)

Si alguien se acerca a pasear por el parque de El Retiro, que se acerque por aquí a tomar un cafelito (o un té), que además el dueño es amabilísimo. Está en la C/ Ibiza, 13, cerca del metro de Ibiza (línea 9).

Y por fin me quité una espinita que tenía clavada: cuando estuvimos en Japón nos quedamos con ganas de probar el ramen y de entrar en un kaiten sushi (el típico local donde va pasando los platos en una cinta transportadora, con precios diferentes según el color del plato), así que me conformo con el "sucedáneo" madrileño que visité hace unas semanas. Sí, ya sé que no es lo mismo, pero como decía mi abuela (bastante refranera), "a falta de pan, buenas son tortas".

Oishii cuenta con 3 locales en la capital; nosotros fuimos al de la calle Miguel Moya (pegadito a Callao), quizás por eso estuviese hasta la bandera. Lo mejor es sentarse al fondo, pero por falta de espacio nos acomodaron en el primer tramo de la barra, frente a la cabina de los cocineros, y con los abrigos y el paso tan estrecho que queda detrás del asiento nos pegaron unos cuantos meneos cada vez que pasaba alguien por detrás. Incómodo (insisto, mejor un poco más al fondo, donde la barra se estrecha).

Sobra decir que el personal no es japonés, pero yo no distingo mucho y lo mismo me da. Preparan el sushi y el sashimi a la vista, en una cabina, aunque se pueden elegir otros muchos platos de la carta: arroces, sopas, etc. (en su página web www.oishiiramen.com los describen con bastante detalle).

Las fotos son penosas porque están tomadas con el móvil ("robadas", mejor dicho, algo que me sigue dando mucha vergüenza, pero siempre pesa más el "ansia" de inmortalizar el momento; muy japonés, dicho sea de paso) y la iluminación lo ha teñido todo de un extraño tono rojizo que mi editor de imágenes (o más bien mi escasa destreza) no ha sido capaz de disimular del todo.

Yo me decanté por la Oishii Ramen, una "contundente" sopa con bastantes tropezones (huevo, soja, naruto, verduras y algo de carne). Muy buena, llena bastante peroresulta complicado comerse los ramen (fideos) con los palillos.

Mi marido optó por un par de platos de la cinta (hay uno delicioso cuyo nombre desconozco, un rebozado relleno de pescado muy jugoso) y un Ramen que viene acompañado de pollo en tiras, rebozado y muy crujiente. Para chuparse los dedos.

Y tienen un menú para llevar en bento (sólo entre semana).

En resumen, su sushi y sashimi no son para tirar cohetes (me quedo con el del restaurante Samurai, sin duda), pero los boles de ramen y udon están buenos y son generosos.

viernes, 10 de febrero de 2012

HAMBURGUESA NOSTRA

Un filete de carne, pan, unas cuantas verduras (lechuga, tomate, cebolla)... ¿lo consideráis sano?
Entonces... ¿por qué tienen tan mala fama las hamburguesas? ¿Por qué las madres del mundo (o al menos las españolas) tuercen el morro cada vez que les dices que has comido en una hamburguesería?
Quizás esa animadversión esté enfocada sólo a las grandes cadenas norteamericanas. Quizás, entonces, las hamburguesas caseras no despierten sus recelos...

Hace tiempo que tenía guardadas estas fotos y había olvidado por completo la reseña que quise hacer a finales del verano sobre un comercio que me encantó. Soy fan de los mercados de San Miguel y San Antón, y es precisamente en éste último donde nos animamos a comprar en uno de sus puestos, decididos a llevarnos a casa lo que prometía ser una cena rica-rica de fin de semana.



HAMBURGUESA NOSTRA (Premio Nacional a la mejor Carnicería 2010) es un pequeño puesto que vende hamburguesas de primerísima calidad. A tamaño natural (unos 140 gr por unidad) o mini hamburguesas, con 30 variedades distintas (sin conservantes): "española"(ternera, polvo de jamón serrano y queso), "india" (ternera, ciruelas, cardamomo, canela y cúrcuma), "mediterránea" (ternera, aceitunas negras y reducción de vino tinto), "japonesa" (ternera, wasabi y salsa de soja), "normanda" (ternera, avellana, manzana y tomate seco), "americana" (225 g de carne de vaca gallega y una piza de tocino ibérico) y un largo etcétera.


La empresa nace en 2007 a partir de una carnicería del Mercado de Chamartín especializada en la venta de carnes españolas certificadas.



También venden los panes (con sésamo, moyete blanco, tomate, integral y de centeno y pasas) y salsas para acompañar (9 variedades que de momento no están a la venta y sólo se podrán degustar "in situ").

Como véis, nosotros nos decantamos por unas de cebolla pochada y las normandas. Buenísimas las dos.



Y para quien venga de visita por la capital y quiera probarlas, en el restaurante de la azotea ofrecen la posibilidad de "menú fuera del menú": el cliente es libre de elegir cualquier alimento de la planta inferior del mercado y pedir que se lo preparen a su gusto (aunque según tengo entendido, desde mi última visita han creado un "take away" en el propio puesto).
La expansión del negocio ha permitido la apertura de nuevas tiendas con degustación en Madrid: Európolis (Las Rozas), El Corte Inglés (Gourmet Experience del Paseo de la Castellana) y, cómo no, en el Mercado de San Miguel (donde amplían el horario de apertura hasta las 2.00 de la mañana los jueves, viernes y sábados; resto de la semana sólo hasta las 12 de la noche). Allí se podrá disfrutar de una hamburguesa a la plancha por 5 euros.



Otros puntos de venta en mercados de la capital y centros comerciales del extrarradio, aquí.



Por cierto, creo que han incorporado una hamburguesa de buey de Kobe. Cierto que este tipo de carne es considerado casi como una joya de la corona en Japón y por tanto su exportación es impensable, pero aunque proceda de otro país yo estoy deseando probarla. No será lo mismo (misma raza, aunque distinta forma de cría), pero a falta de pan, buenas son tortas...

lunes, 14 de noviembre de 2011

MERENDOLAS

No hay nada como una buena merienda, especialmente en los días fríos y grises de invierno en los que no apetece nada permanecer en la calle un minuto más de lo imprescindible.
Aunque en este caso mis merendolas correspondan a la primavera (además del invierno) y es que ha sido imposible evitar repetir la visita en cuanto ha surgido la ocasión.


Que me gusta a mí una merendola...


Comencemos por Living in London. Sin duda un nombre inspirador que nos da un anticipo de lo que nos podemos encontrar dentro: infinitas variedades de té (algo de café, más bien escaso) e infusiones y zumos acompañados por dulces entre los cuales la elección nos resulta harto difícil.
Todo ello servido en estupendos enseres: fuentes de porcelana inglesa, tazas de flores y platillos con distintas variedades de azúcar.


Los típicos scones ingleses acompañados de una rica clotted cream y mermelada (piqué, obviamente), croissants, muffins, tostadas, tartas en porciones, los típicos sándwiches de pepino, cookies,... sugerentes nombres que disparan sin duda los niveles de azúcar sólo con leerlos en la carta. Y no queda más remedio que reprimir las ganas de pedirlos todos a la vez.


También hay platos salados para mediodía (sopas, ensaladas, sandwiches...).

Nada más atravesar la puerta nos encontramos con la tienda de productos ingleses: mermeladas, artículos de la marca del príncipe de Gales, cremas (tengo que hacerme con otra deliciosa lemon curd de Wilkin&Sons), galletas, típicas patatas fritas con "sal y vinagre" y sándwiches (...). A continuación, una pequeña barra con taburetes, y al fondo un pequeño salón. Algo incómodo porque la sillas parecen rescatadas de un parvulario (algo bajitas) y con ciertas estrecheces, pero con una original decoración (cofias y delantales enmarcados) de gusto inglés con paredes empapeladas de flores.
El problema: que sus precios son bastante elevados (tés a 3,40€). Aunque al menos queda el consuelo de saber que parte de los beneficios van destinados a un proyecto de desarrollo en Tanzania.

En el local adyacente, además, cuentan con otra tienda, esta vez de artículos para el hogar y regalos. Tazas de porcelana, delantales, cuberterías, fundas para bolsas de agua caliente, preciosos artículos navideños, bolsas tipo Harrod's, bonitas latas, tarjetas y una infinidad de caprichos de estilo inglés.

Todo muy victoriano, vamos. Y debe gustar, porque aparte del salón de la c/Santa Engracia abrieron otro recientemente en la c/Príncipe de Vergara.

Y seguimos con la nueva visita a Margó, Salón de té (que ya comenté aquí).

Sí, seguramente muchos penséis que es cursi, pasado de moda y recargado. Y seguramente no os faltará razón. Pero a mí me gusta; siempre he sido muy ecléctica en mis gustos (lo mismo disfruto un café en un local de aspecto aséptico y ambiente industrial, tan en boga hoy en día).




Me encantan todas las cursiladas que venden en su tienda y el delicioso aspecto de sus meriendas: los muffins, las tartas, la bollería...


Y sí, es caro. Pero de vez en cuando apetece "pagar la diferencia" y tomarse un respiro en un lugar agradable y donde no haya que subir el volumen de la conversación hasta más allá de los límites permitidos. Especialmente si, como aquí, te sientes como en el salón de casa (aunque la decoración de mi salón sea diametralmente opuesta a ésta).

De estilo inglés o afrancesado... Living in London, Margó. Seguro que volveré....

lunes, 24 de octubre de 2011

KITTYNVASIÓN

A petición popular subo este post, aún a riesgo de saturar mis pupilas (ya sabéis que soy de la liga anti-rosa, aunque confieso que últimamente a veces flaqueo, serán las malas influencias familiares...) y al fin y al cabo, desde mi viaje al país del sol naciente, la gatita nipona despierta mis simpatías más de lo que solía hacerlo en mi infancia.

Hace un par de semanas mi cuñada nos invitó a cenar, sospecho que con la excusa de realizar el despliegue que tenéis ante vuestros ojos:

Supongo que no quedó ni uno sólo de los artículos del kit olvidado en los armarios de la cocina, porque no faltaba detalle: vinagrera, salero, servilletas...y por supuesto, el discreto mantel :O


Espero que mi cuñada esté a la altura y explote su vena frikitty en la próxima cita, que si no fuera por momentos como éstos la vida sería muy triste y muy gris :)))

Y ya puestos, aprovecho para felicitar de nuevo a la cocinera (ainssss, dónde habré metido la receta del pastel de pescado...).


miércoles, 10 de agosto de 2011

COSAS QUE UNA HACE CUANDO SE ABURRE...

Bueno, no exactamente. No es que estuviera aburrida. En realidad, tenía ganas de intentarlo desde que lo vi por la Red hace meses. Y era el complemento perfecto para la cena ligera que había planificado. Sólo necesitaba un papel resistente o un trozo de cartón, una varilla y unas gomas. Ya sólo faltaba cocer los huevos...



Y esperar a que se enfriaran...



Reconozco que es algo friki, pero qué buena escusa para echarse unas risas al sentarse a la mesa...


miércoles, 20 de julio de 2011

MERCADEANDO

Infinidad de posts esperan en fila a que Blogger nos dé tregua y funcione en condiciones. Como éste sobre la visita a la más reciente incorporación a los nuevos mercados madrileños rehabilitados: el "Mercado de San Antón", a escasos metros de la plaza de Chueca.


La planta baja está dedicada a la versión tradicional de mercado de barrio, aunque con aires posmodernos y una decoración más actual. Así, entre los mostradores desfilan los ibéricos de la charcutería, los tradicionales bacalaos desecados y las clásicas frutas (y lechugas vivas en su jardín vertical), codeándose con los panes más selectos y el marisco más fresco, con la posibilidad de escoger la langosta que más nos guste y allí mismo nos la cocerán para dar buena cuenta de ella. Sigue así la línea de las nuevas tendencias "mercaderas": un espacio en el que adquirir productos muy selectos y al mismo tiempo la posibilidad de consumir "in situ" todo lo que se despliega ante nuestros ojos de exigentes consumidores gastronómicos.
La planta superior está destinada así a la restauración, con variedad para todos los gustos,




donde podremos comprar unas ricas y caras croquetas caseras (a euro la unidad para llevar, o 1.50€ para tomar; dicen quienes las han probado que son deliciosas), con opción a que nos las frían en el momento y nos las zampemos en compañía de un buen tinto o una cerveza fresquita,





o si lo preferimos, rememorar los sabores de las vacaciones por las isla griegas (Hummus, Tzatziki, Dolmades o las más conocidas Mussakas),



o saborear pasta y embutidos italianos (me encantó la estupenda fiambrera, una auténtica reliquia). Un sencillo plato de pasta recién cocida y una botellita de San Pellegrino por 6 € (pelín caro) entre otras viandas italianas,

y no podían faltar los tan de moda rollitos de sushi y sashimi:



Y la nota final la ponen los postres; un auténtico lujos para la vista (y esperemos que para el paladar; desde luego la pinta es impresionante).



Poco queda de aquel mercado callejero (citado por Galdós en su "Fortunata y Jacinta")que abastecía al barrio de la Justicia y que creció con el tiempo hasta ganarse un solar en condiciones allá por 1945. Un austero y poco agraciado edificio de hormigón (los tiempos que corrían no eran precisamente propicios para el costoso uso de pilares metálicos, al estilo de otros famosos mercados de la ciudad). Los años 90 no le sentaron bien, y finalmente acabaron con su esencia, hasta que el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperarlo hace algunos años y rescatarlo del olvido y del polvo acumulado, para convertirlo, tras 5 años de obras, en un mercado moderno y alternativo, con agenda de actividades incluida.

Para terminar, una visita a la terraza (tan de moda en los últimos años en la capital), donde degustar una cocina de mercado con productos de temporada (y con la posibilidad de comprar el producto deseado de carne o pescado en el mercado y que nos lo preparen a nuestro gusto en la cocina, con variedad de salsas o guarniciones a elegir) o relajarse tomando una copa, un café a media tarde o un refresco matutino.

La principal diferencia con respecto al Mercado de San Miguel (inevitables comparaciones) es el aparcamiento de 80 plazas (algunas de ellas robotizadas) y la próxima apertura de un supermercado de El Corte Inglés en su planta sótano.




Mercado San Antón
C/Augusto Figueroa, 24 (metro Chueca)
Madrid


Horario mercado (planta baja): L-S: 10-22 h


Horario planta degustacion: L-D: 10-24 h


Horario terraza: D-J: 10-24 h y V, S y vísperas festivos: 10-1.30 h

lunes, 11 de abril de 2011

¿UN MERCADO MEDIEVAL EN MADRID?


Pues sí. En pleno barrio de Moratalaz, cuando lo normal es encontrarlos en los pueblos del municipio.

No tiene tanto encanto encontrarse un mercado entre edificios de 10 plantas pero no está tan mal como esperaba. Típicos tenderetes de artesanía en madera, bisutería, cuero... y comida, muuuuucha comida.

¿Se aprecia en la foto el inmenso tamaño de los quesos de la derecha? en mi vida vi algo igual.

(Sobra decir que "mi santo" pasó al trote y con la nariz tapada).
Lo mismo que el pan de la fotografía, del tamaño de la rueda de un coche. (Creo que mi panificadora es incapaz de emularlo).

¿Y estos regalices gigantes?



Al final caímos en la tentación en este puesto (magdalenas rellenas de chocolate, tarta de Santiago y de manzana).


Pero sin duda, lo mejor de todo fue el jugoso bocata de jamón asado que nos comimos, regado con un albariño fresquito.



Si a alguien se le han puesto los dientes largos quizás le interese saber que el 1 de mayo podrán visitar un mercado medieval infinitamente mejor y más grande en El Àlamo, al sur de la Comunidad de Madrid. Y allí también habrá jamón asado... : )

viernes, 11 de marzo de 2011

LHARDY

Este famoso local situado en el número 8 de la Carrera de San Jerónimo ostenta el privilegio de ser el restaurante más antiguo de Madrid y el más mencionado en la prensa de los últimos 150 años.
Nos trasladamos al Madrid de 1839... Aún no hay tranvías y las farolas son de gas, acaba de formalizarse la numeración de pares a la izquierda-impares a la derecha y la calle ni siquiera presenta adoquinado (hasta 1848 aproximadamente). En la ciudad sólo hay casas de comida sencillas donde la carta se "canta" (no es escrita) y se regatean los precios. Ni siquiera existe la palabra "restaurante".

Aparece en escena Emilio Huguenin, un francés instruido en pastelerías del país vecino y que ha trabajado en el Boulevard de los Italianos en París. Pero pronto opta por un cambio de aires y abre su propio restaurante en Burdeos, hasta que finalmente se instala en Madrid y abre una pastelería que pronto comienza a prosperar: trae a la capital dulces hasta entonces desconocidos de la refinada pastelería francesa: croissants, petix choux, volauvent...
Parafraseando a Galdós: "Lhardy vino a Madrid a poner corbata blanca a los bollos de tahona".
Al parecer, será Próspero de Merimeé quien le dé la idea definitiva al lamentar que "no exista en todo Madrid un lugar donde comer sin ponerse perdido".

Nace así el Restaurante Lhardy y pronto el francés cambiaría su apellido por el de su local, inspirándose en el café Hardy de Montbeliard. Será un auténtico pionero: menú de precios fijos, minutas por escrito, mesas separadas y será el primero en emplear servilletas y manteles blancos.
En 1885 instalan la línea telefónica (Madrid por entonces contaba con 49 abonados) dando pie así a las primeras reservas telefónicas.
El éxito no se hace esperar y lo más granado de la capital se pasea por su local. Le contratan para fiestas: el Marqués de Salamanca le encarga el banquete para la inauguración de su palacete, y gracias a su influencia llegarían Isabel II (ferviente admiradora de su gazpacho) y Alfonso XII (al que le encantaba acudir de incógnito y que siempre fue fiel a sus croquetas).
Al tener escaparate a la clientela le encanta ir a ver y ser vista y su éxito entre las damas de la época crece imparable, al ser el 1º sitio donde podían ir solas las mujeres (pues estaba mal visto que acudieran a eventos sin sus padres, maridos o hermanos). Los camareros les acercaban las bebidas al coche, que esperaba en la puerta.

La carta aún se escribía en francés pero será Maura quien sugiera el cambio al español.
En él se da cita la flor y nata de la sociedad, de la nobleza, artistas, políticos... mientras Gomez de la Serna atrae a los tertulianos.
Su clientela, a medida que pasan los años, está escrita con letras de oro: Azorín (que vivía en las proximidades), Pio Baroja, Unamuno, los Alvarez Quintero, Jacinto Benavente (rendido a sus pasteles),o Pérez-Galdós (fanático de su cocido -al que debe el apodo de "garbancete"-, menciona el local en sus obras en varias ocasiones), que recaló en el local gracias al Marqués de Salamanca.
Allí se celebraban consejos de ministros (gracias a la cercanía del Senado), eventos...
En 1900, con motivo del estreno de "Tosca" en el Teatro Real, Lhardy prestó sus candelabros de plata para las representaciones y se encargó del buffet del día del estreno.

. . Banquete de la Real Academia Española presidido por Antonio Maura (1917)

En 1928 organizó la inauguración del Parador Nacional de Gredos (el primero de la cadena) para lo cual fueron contratados algunos de sus cocineros y camareros. Incluso en una ocasión se llegó a servir un buffet en un globo aerostático. Y muy sonado fue también el homenaje a Manolete en 1954.

Fueron los primeros en cocinar pechugas a la Villaroy, y muchos se deleitaban con aquella carne dulce... que se obtenía en la cueva de la casa almacenando las patas de cerdo bajo los pellejos que alojaban el oporto, goteando sobre ellas. Y fue en 1885 cuando se introdujo la costumbre del consomé de autoservicio del samovar de plata, muy popular entre las damas y que continúa hoy en día.

A la muerte de Emilio Lhardy (cuyas cronológicas llenaron peiódicos) el restaurante pasa a manos de su hijo Agustín (educado en Francia en la repostería y excelente relaciones públicas). Es él quien introduce el cocido en la carta. Se le llamó Isabelino porque se servía en bandejas de plata (en lugar de barro). De esa época es la estética "segundo imperio" que se conserva hoy en día, y cuya decoración (allá por 1880) corrió a cargo del decorador Rafael Guerrero (padre de María Guerrero) quien ya estuvo en París al servicio de la emperatriz Eugenia. Suya es también la fachada, elaborada con madera de caoba de Cuba.

Con Agustín comienzan a llegar los intelectuales y los actores (el salón japonés era el favorito de las cupletistas de la época). La hija de Agustín se casa con un inspector de Hacienda, que será quien tome el relevo en el restaurante, ya que no estaba bien visto que una mujer regentara un negocio. Años más tarde lo venderán, y será comprado por el jefe de cocina y otros empleados.

. . . . . . . . Imagen de la cocina
La decoración de sus salones ha sido testigo de cambios de siglo: sus originales lámparas de petróleo pasaron a ser de gas para finalmente apuntarse a la modernidad de la electricidad.
Lo mismo que ha sido testigo de cambios de gobierno y revoluciones políticas.
Durante la Guerra Civil se cubrieron con madera los espejos para protegerlos, y permanecieron intactos tras la contienda. A pesar de los nombres ilustres que llenaron sus salones (García Lorca, Madrazo, Sagasta,...) su máxima siempre fue la discreción absoluta. Quizás por eso la guerra lo respetó, como atestiguan los 2 obuses sin estallar que alcanzaron la buhardilla.

. . . . . . . . . Salón isabelino

Sus salones apenas han cambiado: las chimeneas y el papel pintado de los salones isabelino (60 comensales), blanco (8 comensales) y japonés son los mismos que aparecen en las páginas de Galdós, Azorín y Gómez de la Serna (no en vano es el restaurante más citado en la literatura española).
Precisamente es el salón japonés el que más secretos esconde: conspiraciones políticas, pactos, discusiones parlamentarias... Según se cuenta, fue allí donde se decidió el nombramiento de Alcalá Zamora para la presidencia de la República, y era el rincón preferido de Primo de Rivera para celebrar sus consejos de ministros y de Isabel II (donde se reunía con sus damas para comer cocido madrileño).

. . . . . . . . . Salón japonés

Tras la guerra civil se reunían catedráticos, escritores y médicos menospreciados por el nuevo régimen, retomando así las típicas tertulias de antaño. Eran tiempos de escasez y a veces no se podía pagar: en Lhardy a veces hacían la vista gorda.
Su fortaleza le permite sobrevivir a la especulación de los años 60 y la familia no cede a las ofertas. Gracias a ellos, este año cumplirá 172 años.
Como ya dijera Azorín: "No podemos imaginar Madrid sin Lhardy".
. . . . . . . . Imagen del samovar