La divergencia de opiniones entre los aliados occidentales y los soviéticos a la hora de reorganizar la política de Alemania desembocó en la constitución de la Rep. Federal y la Rep. Democrática en 1949; la creciente tensión política provocó el incremento de los controles fronterizos.
Nunca entendí por qué las diferencias políticas se enervaron hasta el punto de conducir a una división tan drástica y repentina: el Muro surgió de la noche a la mañana. Ahora entiendo que no fue más que un "muro de contención" construido por una alemania oriental que veía con estupor cómo su república se desmoronaba ante la continua migración que amenazaba con despoblar al país. Había que evitar la fuga de cerebros y de mano de obra a toda costa. Aún a costa de separar familias enteras, padres, hijos y hermanos.
Primero aparecieron las vallas de alambre de espino el 13 de agosto de 1961 mientras se iba levantando el muro. Complementaron la barrera con fosos, barreras antitanque, alarmas de contacto, torres de vigilancia e incluso minas, y estaba constantemente vigilada por centinelas y perros policía.
El primer desertor fue un joven de 18 años: el soldado Conrad Schumann servía como centinela aquel 15 de agosto junto a la alambrada. Un oportuno disparo (fotográfico) inmortalizó su "salto" hacia la libertad aprovechando un descuido. La fotografía dió la vuelta al mundo:
Muchas casa ubicadas en el lado oriental con fachadas en el límite fronterizo occidental fueron testigos de numerosas fugas. Los bomberos de Berlín occidental se implicaron a fondo: desde esas casas aquellos deseosos de huir arrojaban papeles a la calle con el nº de la calle, el piso, la ventana y la hora de escape. A la hora señalada y tras tirar sus pertenencias por la ventana se arrojaban al vacío sobre las redes que los bomberos sujetaban.
Por ello se tapiaron muchas ventanas y portales, obligando en algunos casos a los vecinos a acceder al edificio por el patio trasero.
Los soldados recibieron la orden de evitar las huidas a toda costa, disparando a matar si fuera necesario.
La falta de libertad y la constante vigilancia de la Stasi agudizó el ingenio y surgieron miles de ideas de fuga.
Unos lo intentaban por mar o por vía fluvial, como Ingo Bethke, que protagonizó una arriesgada huida por el río Elba sorteando sus fuertes corrientes en mayo de 1975 a bordo de una colchoneta hinchable. Otros se decantaron por el aire, como los Strelzyk: durante meses costruyeron un globo con ayuda de sábanas y cortinas. A 2500 m de altitud el desgarro de una costura precipitó un aterrizaje forzoso. Con la angustia de no saber en qué lado habían ido a parar exploraron el terreno mientras sus hijos permanecían ocultos. Afortunademente estaban en la RFA.
El muro también sufrió la embestida de camiones pesados en varias ocasiones. Aunque más espectacular fue la evasión de 57 personas a través de un túnel subterráneo excavado a lo largo de 6 meses por familiares y amigos desde el lado occidental.
Hubo quien se deslizó por cuerdas tendidas desde casas "orientales" tensadas por familiares desde el lado "occidental". O se ataban debajo de los vehículos que circulaban a través de los pasos fronterizos. O a la vista de todos, como 4 hombres vestidos con uniformes soviéticos que habían sido confeccionados por sus esposas.
Pero no todas las historias de fugas tuvieron un fina feliz. Se cree que cerca de 200 personas perdieron a vida en el intento y muchas otras fueron heridas. El último en cerrar tan macabra lista fue Chris Gueffroy, de 20 años, que fue asesinado en un fallido intento de fuga tan solo 9 meses antes de la caída del muro.
La apertura de la frontera húngara en septiembre de 1989 acentuó la huida de los alemanes hacia occidente; cerca de 20000 provecharon sus vacaciones en Hungría para escapar hacia la Alemania Federal, siendo acogidos en gimnasios y albergues. Debían atravesar Austria, que colaboró facilitando la libre circulación.
Pronto miles de personas solicitaron asilo político en la embajada de la RFA en Varsovia, que se vió desbordada; gracias a las negociaciones consiguió evacuarlos en trenes especiales que atravesaron la RDA.
Todo ello precipitó la apertura del muro el 9 de noviembre de 1989.
Aquella noche puso fin a años de delación, de estrecha vigilancia a manos de la Stasi, de escuchas telefónicas, de privaciones y de separaciones. Miles de berlineses del este acudieron en masa alentados por las noticias que recibían a través de la radio y tv, atravesando emocionados las puertas, por fin abiertas, mientras los soldados sellaban sus pasaportes, invalidándolos de esta forma e imposibilitando su regreso. Poco sospechaban que no serviría de nada.
Todos recordamos aquellas imágenes de los ciudadanos entregados a la demolición con los medios que encontraban a su alcance. Por fin caía el "muro de la vergüenza".










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