jueves, 5 de marzo de 2009

EL ULTIMO, QUE CIERRE LA PUERTA

Hashima es una isla que se encuentra a menos de 20 km de Nagasaki (Japón) pero hace años que nadie pisa sus calles. No está permitido. No es seguro.

Cualquiera diría observando esta fotografía que sus calles fueron un hervidero humano, que este lugar fue el más densamente poblado del mundo, que más de 5000 almas compartieron un terreno de 400 x 140 metros.

En 1890 la Mitsubishi Corporation compra los terrenos animada con la idea de explotar la mina de carbón que domina la isla. Comenzaba entonces una frenética actividad que se prolongaría durante más de 80 años. Se edificaron nuevos edificios de apartamentos, se crearon escuelas, baños públicos, una recia muralla de hormigón que proporcionara protección durante los tifones, templos, restaurantes y comercios para abastecer a una población que no paraba de crecer y crecer. Un laberinto de pasillos y escaleras conectaba entre sí los bloques de apartamentos,
constituyendo una verdadera "red viaria" por sí misma.

Un carbón que ayudaría a impulsar la industria del país, que sería exportado y que también contribuiría al mantenimiento de la gran maquinaria japonesa durante la 2º Guerra Mundial.
No sólo se trasladaron familias enteras, también
prisioneros de otras zonas de Asia desarrollaron trabajos forzados en las minas; cada mes perecían 4 o 5. Decenas de ellos se suicidaron o se lanzaron al mar, en un desesperado intento por alcanzar la costa.
Pero no todo el mundo conserva un mal recuerdo de Hashima, si se tiene en cuenta que muchos nacieron y se criaron en la isla. Los salarios eran elevados y las pensiones también, el alojamiento, el agua y la electricidad eran gratuitas. Sin embargo, si por algo se caracterizaba Hashima era por la absoluta falta de vegetación. Pero los japoneses son perseverantes y alguien tuvo la feliz idea de desarrollar pequeños jardines en las azoteas, a falta de otras zonas cultivables.
Pero nada dura eternamente. Finalmente llegó un duro competidor contra el que nada se pudo hacer: el petroleo. El 15 de Enero de 1974 la "Compañía" celebró una ceremonia en el gimnasio anunciando el cierre de la mina. Comenzaba así el éxodo; poco a poco se fue trasladando a los trabajadores a otras fábricas y clausurando la actividad. En el mes de abril los últimos habitantes abandonaron el lugar, dejando tras de sí infinidad de recuerdos y un profundo silencio.

Hoy, Hashima parece haber sido víctima de un accidente nuclear o de un bombardeo. Nada más lejos de la realidad. Los tifones han terminado por arrasar lo que sus habitantes dejaron en pie y la maleza campa a sus anchas; no están permitidas las visitas sin un permiso oficial dada la ruinosa situación de los edificios y el peligro de derrumbe.

Hoy no es más que una isla fantasma.



Fotografía: www.gaforum.org, www.fingel.com.

6 comentarios:

BLAS dijo...

La de historias que tiene que guardar esa ciudad abandonada... Es increíble que en la actualidad se sigan encontrando lugares así. Parece auténticamente una ciudad fantasma, digna de una película de terror. Y, ¿no se puede aprovechar todo ese terreno y lo que aún sea útil para hacer algo? Lo van a dejar así como un monumento al cierre del negocio del carbón...? Lo que está claro es que te estás informando bién sobre tu próximo y envidiado viaje, y de paso a los demás, que nos dejas relamiéndonos... Al menos yo, que tengo Japón como "viaje pendiente". Saludos!!

Candela dijo...

Que interesante arituculo, Anele!! Pense al principio de comenzar a leer, que por su proximidad a Nagasaki habia quedado destruida cuando cayo la bomba... Me ha gustado mucho. ¿Estas descubriendo estas cositas en tu preparacion para el viaje?

CGR dijo...

Parece que la mayor guerra del mundo ha pasado por allí ¡que desolación!

Inma dijo...

Qué mal rollo ver todo tan deteriorado!!!

anele dijo...

Pues sí, veis que me estoy informando bien de cara al viaje, je, je. Son cosas que no voy a ver, pero ya que estoy con el tema pues me resulta muy instructivo profundizar en el país aprovechando la coyuntura.

La verdad es que debía de ser un poco deprimente vivir allí, "encerrado" en tan poco espacio porque es una isla pequeñìsima y estaba superpoblada, todo tan gris, tanto hormigón...
Uf, un poco agobiante; el contrapunto lo ponía el ambiente, supongo. Pero sí, es una lástima verlo todo destrozado.

chema dijo...

interesantísimo post, anele. es algo que nunca hubiera pensado que pudiera ocurrir: el desalojo de una piblación entera, de una isla en este caso. una ciudad entera deshabitada y en ruinas. no me extraña que esté prohibido visitar esa isla. es que hasta el aire tiene que estar contaminado, con tanto escombro...