domingo, 7 de noviembre de 2010

A LA CUEVA

Viernes 15 de octubre. Último día.
Después de un fortalecedor desayuno emprendemos camino hacia las Cuevas de El Soplao.
Toda una aventura que casi nos perdemos, ya que fueron incluídas en la ruta a última hora, dos días antes del inicio del viaje y por consejo de un conocido.


Gracias a Dios fuimos previsores y optamos por reservar hora y comprar las entradas en internet (imprescindible en verano, incluso con semanas de antelación). De haberlas comprado en el propio recinto, nos hubiéramos quedado sin ellas.


Antes hubo que tomar una decisión importante: ofrecen dos visitas distintas, la normal y más corta (una hora de visita a través de pasarelas de madera habilitadas incluso para acceder con silla de ruedas) que accede al interior en un tren minero, o la llamada Turismo-aventura, tres veces más cara. Ni zambulléndome en internet durante horas conseguí encontrar ni una sola crónica de ésta última, para hacernos una idea de la dificultad y, más importante aún, si realmente merecía la pena pagar más del doble. Decidimos arriesgar antes que arrepentirnos de quedarnos cortos.


Teniendo 5 horas por delante (reservamos a las 16:00) decidimos hacer un alto a medio camino y desviarnos unos kilómetros hasta Santillana del Mar. En esta época del año da verdadero gusto pasear por sus calles (dos, a más señas) sin apenas tropezarse con las hordas de turistas que lo invaden en época estival. La intensa lluvia del trayecto ha dado paso a un ligero chispeo que termina por desaparecer cuando descendemos del coche. No se puede pedir más.




En ese momento dejan de existir las obligaciones hipotecarias, los marrones laborales y el estrés diario. Me dejo llevar. Siempre me encantó este pueblo.
Tras un agradable paseo cumplimos con la tradición: hay que comprar sobaos y corbatas de Unquera para la familia. Y no nos olvidamos de comprar otro monje (también para regalar) como el que luce en la entrada de mi casa. Nos enteramos que el artesano que los fabricaba falleció el año pasado, de modo que una vez que el stock se acabe, no traerán más.



Del viaje he sacado una conclusión: o hay mucho dinero en el norte o construir casas es baratísimo porque vengo asombrada de las casas maravillosas que hay en Asturias y en Cantabria. Yo sin embargo, tendré que esperar al gordo de la lotería para "plantar" la mía.

Y seguimos ruta hacia la Sierra de Arnero. Llegamos pronto, así tendremos tiempo para comer y reposar. Algo ligero, que no sabemos cómo será la visita y lo útimo que nos conviene es una comida copiosa que nos impida movernos.


El recinto está preparadísimo para las visitas: parking amplio, tienda de recuerdos, numerosos baños, un restaurante-autoservicio, cafetería y cajeros de Caja Cantabria (para retirar las entradas compradas por internet).

Las cuevas constituían una explotación minera desde 1855 y su actividad cesó definitivamente en 1979. De forma accidental se descubrieron las cuevas de interés geológico. Deben su nombre a las corrientes de aire generadas cuando se comunicaba una cueva con una galería minera, debido a los cambios de presión.




Llegado el momento nos acercamos hacia el acceso de la excursión. Nos explican el protocolo a seguir y nos dicen que bastará una manga larga fina.
¡Me *%># en la mar!
En internet decían que la Tª es de 10-12ºC y me acabo de cambiar en el coche poniéndome el jersey de lana de cuello alto (que una no es friolera, sino lo siguiente). Hemos dejado el coche en la otra punta, así que toca aguantarse.

No están seguros de si habrá filtraciones por la lluvia y en esos casos se forma en uno de los puntos de la ruta un mínimo riachuelo que habrá que atravesar así que recomiendan calzado Goretex. Yo dejé los míos en el coche porque en los vestuarios proporcionan botas de goma.
Nos ponemos el mono de fibra para no mancharnos, las botas (muy cómodas, gracias a Dios), la capucha y nos colocamos el casco de espeleología siguiendo las instrucciones de los guías. Las pintas son para foto, pero como no permiten el acceso con cámaras (se necesitan las manos libres y hay zonas que pueden resbalar: las cámaras acabarían hechas pedazos en el suelo y enlentecerían el paso quienes se pararan a hacer fotos) dejé la mía en el coche. De haber sabido que había taquillas en los vestuarios la hubiera traído para hacer una foto al regresar, antes de cambiarnos, como nos indicaron los guías.

Entramos en la cueva caminando (el trenecillo es para las otras visitas). Somos un grupo de 15, todos jóvenes. La primera parte de la visita (una décima parte de la nuestra) es común para ambas rutas. La primera cueva es enorme, con cómodas y amplias pasarela de madera. Las formaciones del techo son impresionantes.
Afortunadamente he encontrado algunas fotos en internet.


Estas cuevas destacan por ser las que mayor extensión de "excéntricas" tienen (última foto). No son formaciones muy frecuentes y menos aún de forma tan aundante, lo que la hace única en el mundo. Las excéntricas son finas y tienen un crecimiento totalmente anárquico, en todas direcciones, creciendo sin seguir ningún orden concreto y a una velocidad increíblemente lenta.
Nos advierten que está prohibido tocar las formaciones y mucho menos cortar alguna para llevarse un recuerdo a casa: el último que lo intentó aún está pagando la multa.


Pronto nos familiarizamos con nombres que hasta hoy desconocíamos: excéntricas, coladas, gours,... gracias a las explicaciones cada vez que hacemos un alto en el camino.

Se termina la parte inicial y nos adentramos por galerías sin iluminación, a partir de aquí se acabaron las pasarelas y nos guiaremos tan solo por las luces de nuestros cascos. Avanzamos en fila, con un guía a la cabeza del grupo y otra en la cola. El ritmo es rápido y comienza a sobrarme tanto jersey de lana (tenían razón) porque el mono apenas transpira. Lo que no sobra en absoluto es el casco: algunas galerías tiene paredes sobreslientes que nos obligan a agachar ligeramente la cabeza, pero al ir pendientes de las irregularidades del suelo constantemente, nadie nos libra de algún que otro coscorrón leve.
En algunos tramos hay repechos complicados que salvar y hay que ayudarse con cuerdas clavadas a la pared, obligando a movilizar toda la musculatura y hacer una demostración de agilidad. Creo que la visita no es apta para personas con problemas de movilidad: no son más que un par de escollos en el camino, pero se pasan "canutas" :)
Para muestra, un botón:

Curioseando por la red encontré una foto que ilustra las pintas que tienen los visitantes con los modelitos de marras. Leí algún comentario en foros de viajes que afirmaba que la visita no debía de ser para tanto pues los monos salen limpios. Ya, de lejos lo parecen. Pero cuando bajas un pequeño terraplén arrastrando el culo es inevitable pringarte de arcilla. Ahí me gustaría verle.

Y sí, merece la pena.
En total hemos recorrido unos 2 km a lo largo de casi 2 horas y media, una minucia si se tiene en cuenta que la longitud conocida es de unos 14 km de galerías. Pero son accesos muy complicados para noveles.
Acabé con dolor de abductores, cuádriceps y no sé cuántos más y durante dos días sentarme en el sofá se convirtió en un suplicio, pero lo cierto es que disfruté de la visita una barbaridad. Repetiría sin duda. Pero sin jersey de lana : )
Fotografía nº 5: jose miguel martinez

9 comentarios:

BLAS dijo...

Hola Anele, estoy babeando de envidia.
Qué maravilla de recorrido, impresionante, de verdad, con todas las letras. Da igual ir hecho un pintas. Sin duda también hubiera optado por la excursión larga, como dices, es mejor arriesgarse que quedarse corto, y menuda preciosidad. Parece una catedral hecha por capricho de la naturaleza. Maravilloso.
Por otro lado, me has puesto los dientes largos con la figura del monje de edición limitada. Es guapísima. De haberlo sabido, te hubiera suplicado, quiero decir, encargado una!!
Y como tu, opino que visitando esos pueblos, uno se olvida de todos los problemas cotidianos, el relax en el ambiente debe ser casi inmediato.
Un viaje inolvidable, sin lugar a dudas.
Y como siempre, acompañado de unas fotos estupendas.

Candela dijo...

Me encantan las cuevas!! Si son amplias como esta no me da claustrofobia.

Geno dijo...

Huy no, Anele, ni hay mucho dinero ni las casas son baratas lo que pasa, al menos en mi tierra, es que son de hace muchos años cuando había tiempos mejores XDDD.
Preciosas las cuevas aunque en mi caso creo que optaría por la "visita fácil" jejeje

cloti dijo...

En mi pueblo también hay una cueva, jajajajaja, sin coña, patrimonio de la humanidad y todo eso.
Te lo contaré por privado por si alguna vez bajas a Andalucía porque toda la ruta es preciosa y seguro que te encantaría como te ha encantado ésta.
Ya sabes que yo soy de las que prefiere pasar frío a calor ¡sin duda!
Bssssssss
Cloti

chema dijo...

impresionante la cueva. me encantan esos fenómenos naturales en los que no ha intervenido para nada la mano del hombre.
tiene que ser tentador llevarse un trozo de estalactita de recuerdo, si no lo prohibieran no quedaría ni uno, jeje.
la primera foto del post es preciosa. tienes razón, cuando paseas por uno de esos pueblos en los que parece no haber pasado el tiempo, te olvidas de todo...

Susana dijo...

Yo también fui al Soplao este verano !!!! Así que me ahorro el post porque tú lo has descrito estupendamente. Aemás yo hice la visita corta. Me muero de ganas por hacer la otra pero es a partir de 12 años creo y claro, íbamos con las peques...
En cuanto a las casas de Cantabria, es que claro has ido a lo mejorcito, Santillana está cuidadísima, pero hay de todo claro está. Me alegro de que te gustara tanto mi tierra.
Nos vemos el sábado!!!!

anele dijo...

Ja, ja, Blas, sabía que te iba a gustar mi monje. La verdad es que es precioso. A mi madre le gustó tanto que por eso decidimos pasarnos a comprarle uno.

Candela, apúntatela si alguna vez vas al norte; es una visita muy interesante.

Geno, que algunas eran muy nuevecitas. Qué preciosidades ví...

Vale, Cloti, si voy por tu tierra recuérdamelo y me apunto la ruta.

Chema, ya sabes. El año que viene tienes que ir, que de veras merece la pena.Tú lo tienes muy cerquita. Aunque sea la ruta facilita con tus padres, que la otra les resultaría quizás algo dura. Yo desde luego a los míos no se lo recomendaría, por un par de zonas donde hay que hacer un alarde de agilidad que no creo que ellos tengan.

Susana, ya sabes que me tira mucho la tierruca. En cuanto a eso de que hay de todo... no me convences. Precisamentetodo el camino por la Autovía del Cantábrico vine babeando con las casas que veía desde el coche. Y si te metes por el interior, lo mismo. No dudo que haya algunas viejitas (y he visto muchísimas) pero el porcentaje mayoritario es de unas casonas y unos chalets modernos grandes y preciosos. Ganan por goleada.
Y por favor,escribe tu entrada. No por haber hecho yo ésta vas a tener que dejar de escribir la tuya, y ni siquiera es la misma ruta.
Te veo el sábado.

COILET dijo...

Qué ganas tengo de ver estas cuevas, con lo que me gusta meterme por ellas!!! Me alegro que disfrutaras, es un espectáculo.

seguro que a mí me habría pasado lo mismo con el tema de abrigarse, siempre llevo el forro cuando voy a cuevas, pq en una tocó ponerse hasta impermeable, para que no entres llevando mucha "morralla" del exterior y alteres el ecosistema... Creo que fue en una de Asturias, sin duda tengo que ponerme al día y contar un poco las excursiones que yo hice... pero es que no ten-go tiem-po!!

anele dijo...

Coilet, pues yo hasta hace un mes no sabía de la existencia de estas cuevas. Seguro que te gustan si algún día tienes ocasión de ir.
La humedad dentro era tremendamente alta (creo recordar que el marcador daba un 90% o similar, vamos, una barbaridad) pero no teníamos nada de frío a pesar de estar a poco más de 10ºC. La verdad es que con el ritmo que marcaban los guías se entraba rapidito en calor :)